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A vueltas con la patria.

Hoy es 12 de octubre. Viene siendo frecuente en esta fecha que unos y otros discutan. Discusiones estériles y absurdas, pero con una intensidad mayor a medida que pasan los años. Como manifestaba Germán Yanke hoy, el 12 de octubre, “Se descubren tres grupos sociales: los que dicen que es el Pilar, los que dicen que es la Fiesta Nacional y los que dicen que es fiesta.” Yo me permito añadir un cuarto grupo, los que no dicen nada.
Reflexionando acerca de la razón por la cual las discusiones estériles y absurdas sobre la idea de Nación son cada vez más recurrentes me he dado cuenta de que existen diversos motivos para ello.

El primero de estos motivos hunde sus raíces en la dictadura franquista. Franco en su afán de españolizar a la sociedad (sí, considero que se puede españolizar a un español que no tenga carácter español, a mi entender los había, los hay y los habrá, otra cosa es que sea o no procedente pero en eso hoy no entro) hizo de la bandera nacional un símbolo y parece que a algunos, eso de ver demasiadas enseñas nacionales por la calle si no juega la selección española, les recuerda a tiempos pasados. La enseña nacional de entonces era distinta a la de ahora, pero parece ser que para algunos primitivos cerebros, que sólo identifican los colores, es la misma.
Lo mismo ocurrió con la idea de la Patria. Y aquí la cosa se torna algo más compleja. Yo no voy a entrar en conceptos rigurosos sobre patria, nación, estado, país… me parecen epítetos, que si bien hacen referencia a realidades específicas, se suelen utilizar para distraer con un objeto poco claro. Yo tengo bien claro que soy español, y por lo tanto mi patria, mi nación, mi estado, y mi país, es España. Y todo lo que hace referencia a España y al conjunto de los españoles como realidad transnacional puede recibir la denominación que sea pero seguirá siendo mi patria. Ese es mi sentimiento.

La palabra patria viene del latín y alude a la tierra del padre. De los padres. Ese es el concepto de patria y no otro. Yo defiendo mi patria por convicciones personales, no políticas. Y a mi juicio es aquí cuando viene el problema. Cuando la política utiliza el concepto de patria con fines turbios. Bajo mi punto de vista, un régimen, da igual que sea dictatorial o democrático, es capaz de incentivar o desincentivar el sentimiento patriótico de una sociedad.
Si los dirigentes de un país se refugian en la bandera de la nación apelando al sentimiento patriótico de sus ciudadanos, independientemente de sus pretensiones, estarán tratando de manipular a esos ciudadanos. Esa pretensión no tiene que ser mala en sí misma. Alguno podría pensar que un pueblo unido es capaz de lograr sus objetivos más rápido, y me parece legítimo. Sin embargo, apelar en reiteradas ocasiones a la unidad del pueblo con el objeto de ocultar una gestión nefasta, que es la que realmente hunde al país, es algo que ocurre más a menudo de lo que parece. El patriotismo, entonces, deja de ser tal y se convierte en patrioterismo. Se trata de convencer al pueblo a que tolere determinadas actuaciones intolerables en aras del bien de la patria. Eso, repito, no es patriotismo.

En ocasiones ese sentimiento patriótico se confunde con el sentimiento nacionalista, o se trata de confundir uno con otro. De hecho algunos identifican ambos ismos, pero eso no es correcto. Hitler decía que él era un nacionalista, pero no un patriota. Mientras que el nacionalismo apela a la idea del pueblo, el patriotismo, como explicaba anteriormente está enraizado con la idea de la tierra a la que uno pertenece. Orwell advertía que mientras que el patriotismo era defensivo el nacionalismo era agresivo.
Observamos por tanto que se ponen en liza muchos conceptos parecidos pero no idénticos, y que la forma en que se utilizan unos y otros interesadamente confunde a la sociedad.

Se confunde a la sociedad hasta tal punto que uno puede llegar a pensar que es malo ser un patriota. ¿Es malo amar a la patria? ¿Es malo amar la tierra de los padres de uno? A mi juicio no. Lo que es malo es tratar de explotar ese amor innato que la mayoría de las personas tienen a la tierra de sus padres con un objeto pernicioso. Lo que es malo es querer llevar al extremo el concepto de patria y tratar de confundirlo con el nacionalismo. Lo que es malo es relacionar el concepto de patria con un régimen dictatorial y denostarlo durante años con el objeto querer cambiar la historia. Pero no hay nada de malo en ser patriota en el sentido estricto de la palabra.
Un patriota además de amarla es aquél que quiere lo mejor para su patria. Y aquí entran en liza nuevas consideraciones. Y es que no se puede obviar que mientras que para unos lo mejor para su patria es endeudarse hasta la cejas para otros lo mejor es dejar de hacerlo. Y a mi juicio es aquí cuando el sentimiento patriótico de una persona debe relacionarse con los demás sentimientos, conocimientos y pensamientos de esa misma persona. Querer llevar el sentimiento patriótico a un terreno que no le corresponde es otra de las causas que han provocado que las discusiones absurdas y estériles, a las que aludía al principio de este post, sean cada vez más recurrentes. Uno no puede dejarse guiar única y exclusivamente por su sentimiento patriótico. Es simple, es absurdo y es primitivo.
Ahora bien, la falta absoluta de un sentimiento patriótico tampoco creo que sea acertada. Cuando uno quiere lo mejor para su patria tiene un objetivo. Ese objetivo le impulsa a trabajar para alcanzarlo y arrastra con él a los que tiene alrededor. Siempre con la mesura a la que he aludido antes. El objetivo de tener una tierra mejor para ser un referente mundial de como se deben hacer las cosas no es una idea negativa. El objetivo de querer hacer creer que las medidas que se adoptan son para tener una tierra mejor si que es negativo.

Aristóteles decía que en el justo medio está la virtud. Ser capaces de encontrarlo es el reto. Ser capaces de ser patriotas sin caer en el absurdo es otro. Ser capaces de discernir lo que es patriotismo de patrioterismo o nacionalismo es otro reto más.

Orgulloso de ser español.

Hoy es el día que anteriormente se conocía oficialmente como Día de la Hispanidad. Antes de escribir este artículo desconocía la razón de por qué el 12 de octubre se denomina, todavía, el día de la Hispanidad. Desgraciadamente pertenezco a una generación a la que explicar la grandeza de España no está bien visto (mi familia y mi curiosidad innata han sido un buen contrapeso a las políticas educativas “democráticas”).
A pesar de ello, hasta hoy, los 12 de octubre que he visto el desfile militar por la televisión, he tenido el mismo sentimiento: Orgullo. No sé muy bien porqué, pero al ver esas imágenes, al escuchar el himno nacional, ver a los soldados desfilando y gritando al unísono: ¡VIVA ESPAÑA! Los pelos se me ponen como escarpias, y el hecho de ser español y que se celebre de esa manera la festividad nacional me conmueve.
Hoy, cuando vea en las noticias los momentos más intensos del desfile tendré la misma sensación; pero además, sabré exactamente a que se debe que cada 12 de octubre se celebre el día de la Hispanidad.

El 12 de octubre de 1492 tuvo lugar el descubrimiento de América. El antecedente inmediato del día de la Hispanidad se denominaba el día de la Raza, y tenía lugar también el 12 de octubre. En Argentina, y en otras muchas repúblicas iberoamericanas, bajo de la denominación de Fiesta Nacional, se celebraba, con la misma fecha, el hecho del descubrimiento de América.
La propuesta de sustituir el día de la Raza por el día de la Hispanidad fue realizada por el sacerdote español Zacarías de Vizarra, en 1926. Dicha propuesta que fue acogida por Ramiro de Maetzu, en un artículo publicado en la revista “Acción Española” un 15 de diciembre de 1931, que se inicia así: «’El 12 de octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad’». El 12 de octubre de 1935 se celebró en Madrid el día de la Hispanidad, y al respecto Ramiro de Maetzu escribió: “Con gran brillantez se ha celebrado este año el día de la Hispanidad. Toda España se ha sumado a su conmemoración. Y no solamente en España. En América, ni qué decir. En cuanto al extranjero, allí donde existe un núcleo de españoles se han reunido y han brindado por la raza española.”
Posteriormente el 12 de octubre alcanzó reconocimiento oficial por decreto de la Presidencia del Gobierno de 9 de enero de 1958 estableció: «Dada la enorme trascendencia que el 12 de Octubre significa para España y todos los pueblos de América Hispana, el 12 de Octubre será fiesta nacional, bajo el nombre de Día de la Hispanidad.»
Actualmente la Ley 18/1987 ratifica el día 12 de octubre como festividad nacional de España, pero prescinde de la denominación del “Día de la Hispanidad”.

De este modo se explica, breve y concisamente, el origen del 12 de octubre como Fiesta Nacional. Hoy es precisamente ese día, y si bien en los momentos en que nos toca vivir es difícil encontrar motivos de alegría considero que en un día como hoy todos debemos estar alegres, y ¿por qué? Pues porque somos españoles.
Formamos parte de una de las naciones más importantes de la historia, a nuestros antepasados se debe, precisamente, que el 12 de octubre de 1492 se descubriera América. Pero no sólo eso. El pueblo hispano es un caso único en la historia. Sin tener conciencia de nación, tras ser invadidos en el S. VII d. C. por los musulmanes, los pueblos hispanos reconquistaron la península Ibérica, se unificaron bajo el mandato de los Reyes Católicos y se cimentó a lo largo y ancho del mundo el Imperio Español. Con Felipe II alcanzó su zenit, nuestro Imperio era temido y atacado por todos, y en él nunca se ponía en sol.

Hijos del pueblo español son grandes personajes de la Historia, tanto de la literatura:Alfonso X el Sabio, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Garcilaso de la Vega, Gaspar Melchor de Jovellanos, Ausias March, Luis Vives…
Como de la pintura: El Greco, Velázquez, Goya, Sorolla, Picasso, Juan Gris, Salvador Dalí, Joan Miró…
Como en el mundo de la ciencia, eminencias en sus respectivos campos, fueron: Miguel Servet, Ramón y Cajal, Severo Ochoa, Gergorio Marañón, Isaac Peral, Narciso Monturiol (inventor del primer submarino), Juan de la Cierva…
Y también los hay contemporáneos, Miguel de Unamuno, Blasco Ibáñez, Pío Baroja, Ortega y Gasset, Camilo José Cela (premio Nobel de literatura), Rafael Alberti, los hermanos Machado, García Lorca, el propio Ramiro de Maetzu, Enrique Jardiel Poncela, Dámaso Alonso…
Seguramente me habré dejado muchos más personajes insignes e ilustres en el tintero pero escribo de memoria…

Muchos estarán pensando, que entonces sí había motivos para estar orgullosos de ser español, y yo les digo, que ahora también. No sólo tenemos motivos para estar orgullosos de nuestra historia, tan denostada por algunos oportunistas a día de hoy. También tenemos motivos para estar orgullosos de nuestro presente, si bien, puede ser que en menor medida, pero hoy no quiero centrarme en lo negativo, para eso tengo el resto de los días del año.
Ya no somos tan grandes ni tan poderosos como antaño, pero se habla del español allí donde va. Seguimos teniendo eco a nivel internacional, gracias principalmente a nuestros deportistas, caracterizados por lo que se denomina: “Furia española”. Somos campeones del mundo y de Europa con la selección española; llevamos cuatro copas Davis en los últimos nueve años, por no contar el número de torneos individuales que han ganado nuestros tenistas en los últimos 20 años, principalmente Rafael Nadal. También somos un referente en el mundo del Baloncesto, campeones del Mundo en 2006 y de Europa en 2009 y 2011, sin olvidar la plata de los JJ.OO. de Pekín. Fórmula 1, motociclismo, balonmano… y diversas disciplinas deportivas donde los españoles nunca perdemos protagonismo.
Somos el país con el mayor número de donantes de órganos, dato para nada despreciable. Nuestras Fuerzas Armadas, que tienen un protagonismo especial en el día de hoy, se encuentran en numerosos puntos del planeta dejando el listón bien alto y prestando sus servicios a todos aquéllos que lo necesitan; servicios en los que algunos españoles se dejan la vida, y es por ello que hoy, también, se les rinde homenaje. Mi más profunda admiración por todos ellos.

Somos un pueblo luchador y trabajador, bravo, animoso y de buena voluntad. Sin embargo como decía Fernando de Aragón somos una nación “desordenada, de modo que sólo puede hacer con ella grandes cosas el que sepa mantenerla unida y en orden”.
Por desgracia en los últimos años nuestros gobernantes no han sabido mantenernos ni unidos ni en orden. Puede que por ello los motivos para estar orgullosos de ser español debamos buscarlos en un pasado algo más remoto, mientras que nuestro presente y futuro inmediato sea motivo de vergüenza y apuro.
Es por ello, que en estos momentos es cuando debemos sacar la cabeza y gritar ¡VIVA ESPAÑA! No la España de los 5 millones de parados, ni la España dividida, ni tampoco la España ruinosa del S. XIX y principios del S. XX. Sabemos crecer como nación, sabemos crecer como pueblo y sabemos brillar y ser admirados por el resto del mundo. Hagamos caso omiso de aquellos que pretenden dividirnos, y avancemos unidos, no sólo por nosotros y por los nuestros, también por España, que a fin de cuentas es nuestra Patria.