Archivo de la etiqueta: Delito

Twitter y el delito de apología

Ya ha sido detenida en España una persona por escribir tuits. El delito que se le imputa al detenido es el de apología del delito de asesinato.
Es un tipo poco frecuente en la práctica y hasta ahora conocido por haber escuchado en las noticias que determinados grupos de radicales han sido detenidos por hacer apología del terrorismo o del nazismo. Sin embargo, ocurre que en nuestro Código Penal también se contempla el delito de apología de homicidio y asesinato, lesiones, detenciones ilegales y secuestros, exhibicionismo y provocación sexual, robo, extorsión, estafa o apropiación indebida, receptación y otras conductas afines, cultivo y tráfico de drogas, rebelión militar, delitos contra la corona, asociación ilícita, sedición, atentados, terrorismo, y genocidio.
Y es que cuando hablamos del delito de apología lo que se está castigando es un uso de la palabra con un fin delictivo. Es por ello que se exige que para que la apología como forma de provocación sea delictiva, de este modo el Código Penal dispone en su artículo 18.1.2

“Es apología, a los efectos de este Código, la exposición, ante una concurrencia de personas o por cualquier medio de difusión, de ideas o doctrinas que ensalcen el crimen o enaltezcan a su autor. La apología sólo será delictiva como forma de provocación y si por su naturaleza y circunstancias constituye una incitación directa a cometer un delito.”

¿Puede considerarse exagerado detener a alguien por escribir en una red social, ante una concurrencia de personas, el deseo de que sigan matando a personas por el hecho de ser de un partido político? ¿Y si se incita para que sigan poniendo bombas en el País Vasco? ¿Y si se incita para que los Ucranianos maten a todos los rusos separatistas?
A mi juicio lo más crítico es que se pruebe que hay una incitación directa a cometer un delito. Es ciertamente complicado demostrar eso, y más cuando estamos hablando de una red social que tiene muy poco tiempo de vida.
No obstante, debemos tener presente que esta red social ha sido protagonista hace pocos años de la Primavera Árabe y ha servido para movilizar a cientos de miles de personas en muchos lugares del planeta. Este simple hecho es suficiente para no tomarse a la ligera lo que se escribe en twitter. Las masas sociales son volubles y tanto pueden incitarse a la indignación como a la violencia, como a una buena causa.
El tipo penal que contempla nuestra ley tiene una razón de ser, la incitación a la comisión de un delito por parte de un sujeto ante una masa de personas enfervorizada puede tener un efecto devastador. Las redes sociales aglutinan concentraciones de personas constantemente. Muchas de esas personas están sentadas en un sofá con el Smartphone en la mano o delante de su ordenador y rara vez levantarán el culo del asiento para cometer un delito porque algún desnortado escriba alguna barbaridad en twitter. De igual manera que porque desde una cuenta de carácter radical se incite al odio a una raza o a una religión quien lea esos tuits difícilmente empezará a odiar a los asiáticos o a los hindúes. ¿Debe prohibirse en el segundo caso y permitirse en el primero?

Está claro que si vemos a alguien ante una multitud en la calle haciendo cualquiera de las dos cosas lo desaprobaremos y nos parecerá mal. De hecho es perseguible por la autoridad. Sin embargo, si no te ve nadie o nadie te denuncia ese acto pasará totalmente desapercibido. El problema que tiene twitter es que deja rastro, de manera que conviene medir las palabras que se escriben, porque aunque uno entienda que son simplemente palabras y que no “van en serio” el que está al otro lado de la pantalla no sabe lo que tú piensas al escribirlas. Asumir la responsabilidad, una vez más, parece ser una tarea pendiente, y ahora burdas excusas como que la policía persigue a los tuiteros y no a los políticos invaden la red social. Señores, si una persona se va a una mezquita con pancartas en contra de los musulmanes e incita a todos los viandantes a matarlos porque son musulmanes, o a la sede de un partido político a hacer lo mismo, esa persona probablemente será detenida. El hacerlo en una red social y pensar que por eso no va a pasar nada es de lo más ingenuo que he visto nunca. Y la policía lo perseguirá porque se lo ponen delante de las narices, no por estupideces de igualdad o politización de la justicia.

Concluiré diciendo que el delito de apología fue introducido en el año 95 y siempre ha habido un intenso debate en torno al mismo, a nivel mundial. ¿Debe contemplarse como delito algo para que sepamos la importancia que tiene lo que decimos o lo que escribimos? En mi opinión no debería ser necesario, pero sinceramente, he leído tantas barbaridades a lo largo de mi experiencia en twitter que me parece bien que se detenga a un sujeto que demandaba más asesinatos de gente por ser de un determinado partido (tener una determinada ideología en definitiva) y esclarecer si ha incurrido o no en una conducta delictiva. Puede que ello sirva para que a la hora de escribir nos contengamos un poco más, o pensemos dos veces. Twitter, aunque lo parezca, no es una tertulia de bar con amigos, es una red social en donde un solo tuit puede generar un impacto tremendo y eso no es algo que deba juzgarse a la ligera.

El delito de abuso sexual.

A cuenta de los hechos que han tenido lugar en Albacete este fin de semana es posible que se hable del delito de abuso sexual. La legislación española contempla que a partir de los 13 años de edad un menor puede consentir tener relaciones sexuales con un adulto y salvo que concurran determinadas circunstancias no se considera delito.
Comentando en twitter la noticia me ha picado la curiosidad y he rescatado los apuntes de Derecho Penal que tomé hace nueve años en la facultad de derecho. Aquí os los dejo para que cada cual saque sus propias conclusiones.

Pd. Ignoro si los preceptos del código penal son los mismos o tienen el mismo contenido. No voy a alterarlos por si ello pudiera afectar al sentido de las explicaciones de mi profesor. Lo aquí transcrito recoge la legislación tal y como estaba, si no recuerdo mal, en el año 2004. Ignoro si han habido cambios trascendentes en la materia, pero en relación al objeto del debate, es decir, cuando un menor puede prestar consentimiento para mantener relaciones sexuales, tengo entendido que la norma no ha cambiado.

Tema 6: Delitos contra la libertad sexual

1. Introducción. Especial referencia al bien jurídico protegido en el título VIII del Código Penal. Disposiciones comunes.

Hemos de entender el bien jurídico libertad como el reflejo de la racionalidad del hombre, ese tipo de libertad es la que le interesa al Derecho penal. El hombre goza de un ámbito de autonomía, aunque con algunas injerencias, éstas en algunos casos proceden de su propia voluntad, ya que para eso es libre.
En el ámbito sexual, este bien jurídico también ha de ser protegido por el Derecho, en este ámbito de autonomía los mayores de edad mantenemos relaciones sexuales con cuando y como cuando estamos de acuerdo con otra persona en hacerlo. Quien interfiera en esa libertad debe ser castigado.
Podemos definir la libertad sexual como la capacidad de autodeterminación del ser humano en sus relaciones sexuales.
Se pretende que ninguna persona se vea forzada o inducida por otra a un ejercicio de sexualidad no aceptado o no querido de manera libre y consciente, o aceptado con la voluntad viciada, o por alguien a cuyo consentimiento no se le atribuye relevancia en la mayor parte de los casos.

En este aspecto la regulación siempre ha sido algo caótica, debido a la introducción de elementos políticos. La última reforma es del 99, aunque también se ha dado alguna reforma este mismo año. La reforma del 99 se produjo con la ley 11/99 que reformaba el ámbito del título VIII, que es el que contempla los delitos contra la libertad y la indemnidad sexual.

Dado que el bien jurídico protegido es, además de la libertad, la indemnidad sexual de las personas, cuando hablamos de indemnidad nos referimos a personas que pueden estar durmiendo, que están enfermos, o son niños. En el caso de los niños, el ordenamiento les quita la libertad sexual si son menores de 12 años, éstos no pueden tener relaciones sexuales con un mayor de edad, aunque estuviera cumpliendo su voluntad, puesto que podría quedar afectado su libre desarrollo de la personalidad, a esto se refiere la indemnidad sexual.
La indemnidad sexual hace referencia a la dignidad humana que preserva el libre desarrollo de la personalidad, para que esta sea correcta y no le perjudique. Así el Código Penal protege tanto la dignidad de la persona e intenta preservar el libre desarrollo de la personalidad, psico-educativa moral.

Hay delitos que solo protegen la libertad sexual, como la agresiones, y otros solo la indemnidad sexual, como los abusos a los niños. A día de hoy los delitos contra la libertad e indemnidad sexual se encuentran en el título VIII del Código Penal, arts. 178 a 194. La disposición del Título VIII es la siguiente:

CAPÍTULO I. De las agresiones sexuales
CAPÍTULO II. De los abusos sexuales
CAPÍTULO III. Del acoso sexual
CAPÍTULO IV. De los delitos de exhibicionismo y provocación sexual
CAPÍTULO V. De los delitos relativos a la prostitución y la corrupción de menores
CAPITULO VI. Disposiciones comunes a los capítulos anteriores

El art. 178 del Código Penal establece que “El que atentare contra la libertad sexual de otra persona, con violencia o intimidación, será castigado como responsable de agresión sexual con la pena de prisión de uno a cuatro años”. Este es el delito de agresiones sexuales.
Con carácter general en la agresiones sexuales se atenta contra la libertad sexual, por tanto este es el bien jurídico protegido. Pero es el atentado con violencia o intimidación.
En los abusos sexuales, al igual que en las agresiones sexuales se atenta contra la libertad sexual, pero en este caso sin violencia o intimidación. Se recoge en el art. 181 “El que, sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento, realizare actos que atenten contra la libertad o indemnidad sexual de otra persona, será castigado, como responsable de abuso sexual, con la pena de prisión de uno a tres años o multa de dieciocho a veinticuatro meses”.

Dicho esto la diferencia fundamental entre las agresiones y los abusos sexuales es que en las agresiones encontramos violencia o intimidación sin consentimiento.
Pero como sabemos hay supuestos donde aunque no hay violencia o intimidación, falta el consentimiento, o éste está viciado. Esta es la causa en los abusos sexuales.
Faltará el consentimiento siempre que el sujeto pasivo haya expresado su negativa o no se le haya dado oportunidad de pronunciarse. En todo caso faltará consentimiento cuando el abuso sexual se ejecute sobre menores de 13 años o sobre personas privadas del sentido o abusando de su trastorno mental.
Se tendrá por viciado el consentimiento cuando exista engaño o en el supuesto de prevalimiento.

A la hora de ver si estamos ante un abuso o una agresión sexual un factor determinante es la violencia, violencia entendida como fuerza que modifica el estado de las cosas en una determinada situación, fuerza que tiene que ir contra la voluntad de la víctima.
La fuerza no será relevante si esta pudiera ser fácilmente repelida por la víctima. En esos casos no se entenderá que ha existido agresión sexual.

Pero la violencia no es el único factor determinante, junto con éste encontramos la intimidación, que e s la actividad psíquica que hace el autor que influye en la víctima constituyéndole un temor, de tal modo que hace lo contrario de lo que desea.
Siempre existirá temor cuando se amenaza con un mal, por tanto la intimidación anuncia un mal. La intimidación debe ir siempre en consonancia con la violencia, y para que la tengamos por tal existen dos condiciones:

– Que el anuncio del mal sea grave e inminente.
– Que sea constitutivo de un delito contra la vida, la integridad física, coacciones o similares. Esto es lo que entiende la jurisprudencia y la doctrina.

Sin estos requisitos no podemos distinguir si estamos ante un abuso o una agresión sexual.

Tanto en el delito de abuso sexual como en el de agresiones sexuales hemos de encontrar un elemento subjetivo: el ánimo libinidoso, si no se da esto no podemos decir que estamos ante ninguno de los dos delitos.
Por libinidoso podemos entender: tocamientos o besos no deseados, conductas sexuales no deseadas por la víctima etc.

Dentro de los abusos sexuales podemos distinguir entre consentidos y no consentidos. Los no consentidos se regulan en el art. 181.1 y 2 del Código Penal.

– Con menores de 13 años: Siempre que el abuso sexual recaiga sobre un menor de 13 años se presume que ha sido sin consentimiento de éste, y no tendrá importancia si el menor ha prestado consentimiento o no. Hay una presunción iuris et de iure de incapacidad para consentir válidamente.
– Cuando la víctima se encuentre privada de sentido: Se entiende que la víctima está desmayada, o ha perdido el conocimiento, está drogada etc. Se deduce que en este estado no está en condiciones de ejercitar sus facultades, o no puede captar la realidad, o no puede acomodar su comportamiento a tal conocimiento. Cabe destacar que para que exista abuso sexual no es necesaria la intervención del autor en la pérdida de conocimiento de la víctima, puesto que también se puede dar abuso sexual de la víctima por haber ingerido ésta voluntariamente grandes cantidades de alcohol.
– Cuando se abuse del trastorno mental sufrido por el sujeto pasivo: Es necesario que se el autor se aproveche de ese trastorno, no solo que la víctima lo tenga, sino que se aproveche de éste.
– Otros abusos no consentidos: Son aquellos en que la víctima es atacada por sorpresa, o se encuentra en estado de consciencia, aunque incapacitada para oponerse a los designios del sujeto activo a causa de una enfermedad.

Los abusos sexuales con consentimiento son 2, mediante engaño o bien con prevalimiento, éste último regulado en el art. 182.3.

– Abuso sexual con prevalimiento: Esta variedad requiere una doble condición: el sujeto activo ha de ocupar una situación de superioridad respecto del sujeto pasivo, y además ha de prevalerse de ella para abusa de la víctima. Esta situación de superioridad puede obtenerse de muy diversos modos: relaciones laborales, dependencia económica, acentuada diferencia de edad…
– Abuso sexual fraudulento: Esta variedad consiste en abusar de la víctima a través del engaño. Ha de existir una conducta dirigida a atraerse la voluntad de la víctima, y que como consecuencia de esto la víctima, engañada por las mentiras del sujeto, acceda a tener trato carnal con el sujeto en cuestión. Este tipo de agravantes queda limitado a los casos donde la víctima tenga entre 13 y 16 años.
En el caso de que se piense que una menor de 13 años tiene más edad de la que aparenta, tendremos que si hay error invencible no habrá pena, pero si el error es vencible se tendrá un delito imprudente, y quedará excluido de pena, porque no hay dolo.

Cabe señalar que el incesto no está penado en nuestro Código Penal, pero en el caso de que se haga libremente, en caso contrario si que estaríamos ante un delito con el agravante de prevalencia.

Las agravaciones para los abusos sexuales se recogen en el art. 181.4 “Las penas señaladas en este Artículo se impondrán en su mitad superior si concurriere la circunstancia 3. a o la 4. a , de las previstas en el apartado 1 del Artículo 180 de este Código”.
La del 182:“1. En todos los casos del Artículo anterior, cuando el abuso sexual consista en acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de objetos por alguna de las dos primeras vías el responsable será castigado con la pena de prisión de cuatro a diez años.
2. La pena señalada en el apartado anterior se impondrá en su mitad superior cuando concurra la circunstancia 3. a o la 4. a , de las previstas en el Artículo 180.1 de este Código”.

Robin Hood del S. XXI

Ha tenido lugar un hecho delictivo, un asalto a un supermercado protagonizado por un sindicato y dirigido por un diputado. El objeto era entregar la mercancía robada a un banco de alimentos para que fuera repartido entre las personas necesitadas. La excusa para hacerlo, entre otras, es que los supermercados tiran a la basura los alimentos perecederos cuando podrían repartirla entre esas personas.
Diversas noticias han puesto de manifiesto que eso ya se hace en muchos supermercados. Lo desconozco. Es probable que algunos lo hagan, dudo que lo haga la totalidad de ellos. Esto es algo cuestionable habida cuenta de la situación que atraviesan un considerable número de familias españolas, puede que fuera conveniente investigar esa situación y en base a una información sólida decidir lo que se debería hacer. Pero asaltarlo por la fuerza en base a supuesto interés general, de momento en España, es un delito.

Dicho esto, no podemos caer en la trampa que Sánchez Gordillo y sus secuaces están tendiendo a muchos españoles. Expropiar no es robar. Lo que ocurre es que el grado de desesperación está alcanzando cotas considerables. Y las noticias de indultos a auténticos delincuentes, que son indultados por el hecho de ser políticos, no ayudan a rebajar ese grado de desesperación.
Los dirigentes a la hora de dar un indulto, a la hora de recortar al ciudadano antes que recortarse a ellos mismos, a la hora de vociferar en el parlamento o a la hora de pensar en poner una embajada autonómica deberían acordarse del episodio que ha protagonizado Sánchez Gordillo. Es en situaciones como las que vivimos en la actualidad cuando el pueblo desconecta del todo el interruptor y cegado por las vicisitudes del momento sigue como un cabestro el camino que le indica el populista de turno.
El episodio populista y delictivo de Sánchez Gordillo ya ha tenido repercusión internacional y todo hace pensar en que no va a ser el último. Los medios de comunicación, en pleno mes de agosto, sin carnaza que vender, van a hacer muy grande esta pelota, saben que el tema de la prima de riesgo está muy manido, y que el fantasma del rescate a fuerza de tanto repetirse ha terminado por acostumbrar al ciudadano, ya casi ni se teme. De modo que preparémonos, tenemos populismo para rato.

En tiempos normales es fácil desacreditar el populismo, pero no vivimos tiempos normales, y como he reseñado, la gente está cansada y con razón. El problema es que ese cansancio, esa hartazón, como he señalado, les ciega, les lleva a creer que la vida es un cuento, que Sánchez Gordillo es Robin Hood, y que robar al rico está bien cuando es para dárselo al pobre.
Olvidan que Robin Hood está ambientado en la Edad Media, donde imperaba la ley del más fuerte, y donde los ricos única y exclusivamente eran los dirigentes y sus subordinados. Olvidan que Robin Hood vivía en el bosque, proscrito y pasando penurias, no era diputado, ni alcalde, ni sindicalista. Olvidan que Robin Hood no tenía nada y que Sánchez Gordillo lleva treinta años en política.
El problema es que aunque se lo recuerdes no hay donde elegir, la sociedad que nos dimos entre todos para evitar que los Robin Hoods fueran necesarios se ha degradado hasta límites insospechados, que llevan a muchos a ver espejismos, a ver oasis donde sólo hay desierto y lo que es peor, a justificar hechos delictivos sobre los hechos delictivos que otros han cometido, cuando los unos y los otros deben ser condenados indefectiblemente.

Lo ocurrido y lo que le rodea es un síntoma preocupante. La lógica abandonó hace mucho tiempo el campo de la política, fue sustituida por el interés propio, y cuando a uno se le otorga el poder para que gobierne en aras de un interés colectivo y hace lo contrario el que otorga el poder lo acusa, lo padece y llega un punto en que se cansa. Una sociedad cansada es una sociedad irascible y hay que tener cuidado con lo que se hace y como se hace en momentos tan delicados. Ahora sólo falta que los dirigentes tomen buena nota de esto.
A los que aún veis algo de luz, no os dejéis engañar, Sánchez Gordillo no es el Robin Hood del S. XXI, es el inductor de un delito. Condenar ese hecho no es justificar un delito más grave. Perseguir un delito es algo que no se debe dejar de hacer nunca si queremos que la paz social no termine por quebrarse del todo. Exigir que se persiga a los delincuentes y protestar cuando son indultados injustamente es algo que deberíamos hacer más a menudo, no sólo cuando las cosas nos van mal.