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Nuestros cojones.

Estoy realmente alarmado. El número de personas que comparan a Merkel con Hitler crece en un número considerable. He llegado a leer que Merkel está matando a españoles y a griegos. Lo realmente preocupante es que esto, cuya génesis se encuentra en los dirigentes del país y es repetido mecánicamente por los medios de comunicación, la gente se lo está creyendo a rajatabla.
Todo empezó con el famoso “los mercados nos atacan” “Los mercados asfixian la economía española” y cosas por el estilo. Ahora, después de que nos hayan rescatado, o nos hayan hecho un préstamo de 100 mil millones de euros (como dice Rajoy) se dice que Europa no nos ayuda, que el BCE y las instituciones europeas nos dejan caer y que la culpa de todo ello es de Frau Merkel, de los mercados, de Draghi… la culpa es de todos menos nuestra.

Tampoco deja de ser alarmante que muchos de los que dejan caer tales acusaciones se erigen como salvadores de la patria, o presumen de tener la solución a nuestros problemas (veáse tertulianos, político-tertulianos, periolistos, panfleteros y demás especímenes que pueblan los medios de comunicación y se autodenominan expertos en. Los todólogos que tan de moda están). Nos venden la moto de que si Alemania o el BCE abriera la mano nuestros problemas desaparecerían. Eso es falso, rotundamente falso. El mejor ejemplo es Grecia. ¿De qué han servido los dos rescates a Grecia? Absolutamente de nada. En Irlanda ya se está planteando un segundo rescate el año que viene, y Portugal parece ser el único país que está saliendo del agujero a costa de recortes muy duros, durísimos, de esos que alguna vez se leen en un medio de comunicación y se nos ponen los pelos de punta; medios de comunicación que obvian que esas medidas tan controvertidas están consiguiendo su objetivo y que probablemente dentro de cinco o seis años Portugal estará creciendo.

La crisis es fuente de nacionalismo y populismo, de coger atajos para llegar antes al final del camino, no importa a coste de qué o de quien. Algo que suele venir acompañado de consecuencias nefastas, y en el peor de los casos de guerras. Vivimos en un mundo, de por sí, frenético y la crisis acelera todo mucho más; queremos resultados de inmediato, no da tiempo a que las medidas adoptadas den fruto, y sólo se consigue que las siguientes medidas sean improvisadas y no meditadas, lo cual sólo consigue ahondar más el agujero.
La crisis debe ser un momento para reflexionar que se ha estado haciendo mal, que ha conducido a donde estamos y qué podemos hacer para salir de la situación en la que me encuentro, en definitiva hacer un diagnóstico. El problema de esto es que es realmente complicado y más si hacemos un diagnóstico tan cachondo como el que se ha hecho en España, donde una y otra vez se ha tratado de meter todo debajo de la alfombra y cuando hemos visto el bulto hemos tratado de aplastarlo y cuando no lo hemos conseguido hemos mirado hacia otro lado.
Mientras, a los ciudadanos un día nos dicen una cosa, al día siguiente otra y el tercer día nos dicen las dos cosas a la vez de una manera distinta. Añadámos a este cóctel que la ineptitud de nuestros dirigentes se ve agravada por la presión de los mercados, a los que, algo que a menudo olvidamos, nuestros dirigentes acuden una y otra vez reclamando financiación en buenas condiciones (si no son buenas condiciones es que nos atacan). El problema es que el mercado está saturado y cuando presta lo hace salvaguardando su propio interés, que al fin y al cabo es el interés de cada uno de nosotros (esto pocos lo creen, pero es así, ya lo he explicado alguna vez).

Como explicaba en un post anterior, el absolutismo del S. XXI tiene su génesis en nosotros mismos, y la crisis actual lo que hace es agudizar el egoísmo, encauzándolo hacia el nacionalismo, el populismo y en el buscar el atajo. Hemos pasado de buscar nuestro propio placer a tratar de mantener a toda costa el poco que nos queda. De este modo nos parece normal que un país como Alemania tenga que sacrificarse por el resto de los países. De este modo somos capaces de creernos cosas increíbles, como las milongas que nos cuentan los medios de comunicación imbuidas por los políticos, milongas como “nos atacan!!” o “Merkel es una nazi” o “Hitler utilizó la fuerza y Merkel la moneda”; hay otra muy divertida como “la solución está en volver a la peseta” (al respecto os remito a un interesante análisis que hizo Daniel Lacalle sobre las implicaciones de volver a la peseta). Y así la gente está alimentada, alienada y engañada con ideas peregrinas sobre la solución a la salida de la crisis. Ideas que no nos sacarán nunca de la crisis.

A poco que se piense nos daremos cuenta de que lo que nos dicen está manipulado por quien nos dirige. A poco que queramos rascar en la superficie nos daremos cuenta de que hay muchos españoles que viven fuera de España y contemplan con verdadero horror las barbaridades que se dicen en este país. A poco que queramos enterarnos de que va esto de la deuda soberana, de la prima de riesgo y del BCE, del LTRO, de la austeridad, del crecimiento y demás cosas que dicen que son muy técnicas y que si no hemos estudiado economía no las podremos entender, nos daremos cuenta de que, en realidad, no es tan difícil. A poco que nos esforcemos por entender la situación comprenderemos que lo que está ocurriendo es culpa de los que nos dirigen y de que nuestros dirigentes quieren lo mejor para nosotros, pero después de ellos. Nuestros dirigentes se afanan por buscar una salida a la crisis que no cercene sus privilegios, si se tienen que llevar la sanidad y la educación por delante, pues que así sea, si se tienen que llevar los derechos de los trabajadores por delante, pues que así sea, si tienen que endeudar a nuestros hijos, nietos y biznietos, pues que así sea.

Mientras la gran masa social de pábulo a lo que dicen los dirigentes, o a lo que dicen los todos los medios de comunicación (que es lo mismo que dicen nuestros dirigentes pero  con distinto color), mientras siga creyendo que los políticos piensan primero en los demás y luego en su interés, y mientras no nos preocupemos de pensar por nosotros mismos, de esforzarnos por enterarnos de lo que realmente está ocurriendo y actuar en consecuencia poco cambiarán las cosas. 

¿Qué crédito tiene un país que falsea sus cuentas? ¿Qué crédito tienen los políticos de un país que politizan las cajas y las usan a su antojo? ¿Qué crédito tienen los ciudadanos que les votan cada cuatro años como un rebaño de ovejas? ¿Qué crédito tienen unos ciudadanos que se dividen en dos bandos y se dedican a repetir como papagayos lo que dicen sus líderes? ¿Qué crédito tiene alguien que no piensa por sí mismo? ¿Qué crédito tiene el que lo hace y se queda de brazos cruzados o gimoteando porque nadie le hace caso?

Nos cabrea que Alemania no nos preste dinero, nos jode vivir en crisis, nos jode trabajar por poco dinero, nos jode todo lo que no sea obtener beneficio. Parece que hemos olvidado que en la vida no todo sale a pedir de boca. Parece que olvidamos que hay gente que está mucho peor que nosotros. Parece que olvidamos que si nosotros estamos en crisis el tercer mundo ya no existe. Yo, mi, me, conmigo, pero sólo para disfrutar, si hay que pensar demasiado o dejarse la piel, «conmigo no contéis, que lo haga otro que para eso le he votado», y si no me gusta el resultado me quejo, que para eso soy español y tengo más cojones que nadie. Pues a ver si lo demostramos donde hay que demostrarlo, porque si bien es verdad que el que no llora no mama, como sigamos así pasaremos de cojonudos a mamones, y seguramente no habrá para todos.

Reflexiones a bocajarro (III)

En alguna ocasión he escrito sobre la rapidez en que se desenvuelve el mundo que nos rodea. Hace unos meses, concretamente en agosto, estábamos temiendo lo peor con nuestra prima de riesgo disparada, y si nos remontamos un poco más en el tiempo la mayoría de los españoles no teníamos ni idea de que era la dichosa prima de riesgo.
A poco que bucees en cualquier diario especializado puedes hacerte una idea de las distintas opciones que tiene Europa para salir de la crisis, y te das cuenta de que la mayoría de las que proponen no se aplican, o tardan mucho en adoptarse. ¿Tardan mucho o nuestro mundo va demasiado deprisa?
Y éste es el problema, queremos todo ya, ahora y barato, y de la mejor calidad posible. A toda costa, y si para ello hay que hacer trampas, pues se hacen ¿no las hacen otros? ¿No ha estado Grecia tomándonos el pelo?

Imaginemos que Europa es un grupo de amigos, que se reúnen una vez al mes para ver como les va a cada uno. Ocurre que hay un grupo de países Europeos que no hacen los deberes, y ocurre que el resto de los países le dejan parte de los suyos, aun cuando algunos, como España o Italia, saben que dentro de poco ellos también van a dejar de tenerlos hechos (España e Italia realizaron importantes aportaciones al Fondo de Rescate). Y pasa el tiempo y resulta que de los países europeos sólo tienen los deberes hechos una minoría de países. ¿Qué pasa cuando toda una clase copia los deberes al único que los tiene hechos? Pues que el profesor suspende a todos, a unos por copiarse, y al que deja sus deberes por permitirlo.
El problema está en que si el grupo de amigos suspende, pueden perder algo que tienen en común, que si se desaparece puede ser catastrófico no sólo para Europa, sino también para el resto de los países del mundo. De modo que están buscando la forma de evitar que desaparezca, en esa búsqueda se hacen trampas, por así decirlo, en lugar de copiar el texto de los deberes literalmente cambian algunas palabras, para que parezca algo distinto, pero, en definitiva, es lo mismo. De manera que en lugar de darles dinero directamente a los amigos que lo necesitan, se emite deuda, se les rescata de una manera encubierta. Y se da la circunstancia de que al profesor se le puede engañar por un tiempo, pero al final se acabará dando cuenta, y el grupo de amigos suspenderá.

Ese suspenso no significará otra cosa que nosotros, los ciudadanos de esos países, sufriremos la mala gestión económica de esos países. Me he quedado en Europa, pero podríamos extender esta metáfora al resto del mundo, algo que sería un poco más complejo.

Algunos podéis caer en el error de creer que el el profesor que nos suspende es una agencia de calificación, o que nos suspenden los mercados. Creo que eso es buscar una excusa para echarle la culpa a alguien, ese impulso tan humano de buscar a un culpable es bastante reprochable, y más aún cuando todos y cada uno de nosotros hemos sido partícipes, de un modo u otro, de la situación que estamos viviendo. Hay que ser autocríticos no sólo buscar al culpable en el dirigente de turno, o en el que me sube los impuestos, en el especulador, o en el sursum corda.
Y si digo bien, todos hemos sido partícipes de esta situación. Tanto el que gastaba más de lo que cobraba, que es lo que han hecho tanto nuestros gobernantes así como muchos de los ciudadanos; como el que ahora se lamenta de que nuestro sistema democrático está viciado. Tanto los bancos que concedían hipotecas a diestro y siniestro, como aquellos que las pedían sin pararse a pensar en que en algún momento podrían llegar tiempos difíciles. Lo hemos visto miles de veces en el cine, el que vive por encima de sus posibilidades acaba mal, hay millones de ejemplos en el día a día y en nuestras vidas, lo sabemos, y lo hemos permitido. Algunos no lo habrán hecho, habrán sido coherentes y desde luego esos son los que más derecho tienen a poner el grito en el cielo, pero ya se sabe, siempre pagan justos por pecadores. Y una de dos, o nos cargamos a todos los pecadores o aguantamos el chaparrón y salimos adelante a hacer las cosas con cabeza. Mal de muchos consuelo de tontos, pero yo pienso en el contribuyente alemán al que dentro de poco le van a subir los impuestos y pienso: ése si que se va a cagar en la madre de alguien que yo me sé.

Puede que esté reduciendo demasiado la cuestión, pero gracias al sistema en el que vivimos de nada sirve buscar culpables, porque no hay nada que hacerles. Debería poder ser así, pero es ahora cuando queremos que eso cambie ¿por qué no lo quisimos antes? Y como vivimos en un mundo tan camaleónico, los artífices de nuestros males son los que ahora claman por un sistema más justo; y extended esto tanto a políticos, como inversores, como ciudadanos, como a lo que queráis. Pero esta es la realidad, los que hace unos años estaban lucrándose en virtud de los excesos que cometían, muchos de ellos ahora las están pasando canutas, y se suman a los que tenemos motivos reales para estar de vuelta de todo. A los que en su momento supimos contenernos y ahora vemos como nos meten la mano en el bolsillo.

De manera que tenemos una masa social descontenta conformada por oportunistas y por gente que realmente tiene motivos para estarlo. Y es, precisamente, la sociedad la que se suspende a sí misma, porque ha tolerado cosas que no se podían tolerar, ha permitido atropellos, enriquecimientos rápidos e injustos, adquirir cosas que valían mucho más de lo que se pagaba por ellas, endeudamientos que sabía que no se iban a devolver… ¿La sociedad? Sí, la sociedad, y ¿quién gobierna la sociedad? Preguntarán algunos, los políticos. Entonces son los políticos los culpables, ¡ellos tienen la culpa! Y volvemos a buscar al culpable, cuando hemos sido cada uno de nosotros los que con nuestro voto hemos puesto al político de turno al frente de algo que a lo mejor no estaba al alcance de su capacidad. Pero en este punto nos adentramos en otro terreno que es el de la política y los distintos sistemas democráticos. Algo sobre lo que tengo pensado escribir, pero que lo dejaré para otra ocasión, lo que quiero preguntaros antes de terminar es ¿por qué nos quejamos más de lo que hacen aquellos en quien delegamos cuando nos afecta al bolsillo? ¿No debería indignarnos tanto o más que el político de turno se lucre en su puesto de gobierno cuando lo hace bien? ¿Por qué hemos hecho la vista gorda durante mucho tiempo a los atropellos que han tenido lugar, y ahora clamamos contra ellos, cuando en realidad podíamos haberlos evitado si no hubiéramos mirado hacia otro lado? Y estas cuestiones van dirigidas, tanto a los países europeos, que hicieron la vista gorda con Grecia, como a los ciudadanos que veían aquello de la economía como algo de lo que se debían ocupar otros, y en quien delegaban alegremente porque se podían permitir irse de vacaciones al otro lado del mundo, o adquirir la casa de sus sueños gracias a una hipoteca que les iba a tener esclavizado de por vida.
Vivimos en un mundo donde las cosas pasan demasiado rápido, y en el que estamos poco tiempo. No obstante ese tiempo se nos hace eterno gracias a la espiral de preocupaciones que nos rodea. No sé si es bueno o malo, sólo sé que es lo que es, y que si queremos cambiarlo, el cambio tiene que empezar por uno mismo y por los que le rodean, de nada sirve reclamar de otros algo que no nos exigimos a nosotros mismos, tengámoslo en cuenta.

Pd. Si queréis también podemos acordarnos de los que viven en el cuerno de Africa, esos que en Agosto se estaban muriendo de hambre y siguen prácticamente igual, esos que no tienen apenas voz y cuando la oímos nos hacemos los sordos, y junto con ellos, todas las personas que realmente tienen derecho a quejarse, pues ¿qué sentido tiene reclamar unos derechos que sólo hemos conseguido a costa de limitar los de muchos otros?

Una mala gestión suprime las ideologías.

Ayer se produjo un hecho insólito en la historia de España, un gobierno de derechas subía el impuesto del IRPF. Ésta era una de las distintas medidas que aprobó el gobierno de Rajoy para hacer frente a la cifra de déficit que deja el gobierno socialista saliente.
Igual de insólito era el hecho que acontecía el 12 de mayo de 2010. Un gobierno socialista congelaba las pensiones y bajaba un 5% el sueldo de los funcionarios. Una vez más, con el objeto de reducir el déficit que el propio gobierno socialista había generado.
Estas medidas no serían llamativas de no ser porque se han adoptado por partidos políticos, que de entrada, tienen una ideología contraria a las medidas que han acometido. Y es por eso llaman tanto la atención. Es lógico. Lo que no es tan lógico es que seamos tan simples de quedarnos en la medida en sí. Para entender un hecho hay que valorar que ha provocado ese hecho, cual es la causa, su génesis. La respuesta en ambos casos podría ser, simple y llanamente, la crisis.

Pero yo digo, ¿la crisis? Es cierto que la crisis ha afectado a todas las economías del mundo, en mayor o menor medida, esto argumento está más escuchado que la “barbacoa” de Georgi Dann en verano. Igual de escuchado es aquello de la burbuja inmobiliaria (que era de suelo no inmobiliaria, pero ahora no voy a entrar en este tema). Y demás argumentos que en mayor o menor medida nos han conducido a la situación actual. No obstante, quiero que leáis estos datos con atención:

– 2008: El gobierno socialista, acuciado por los partidos nacionalistas, deroga la ley de Estabilidad Presupuestaria aprobada por el gobierno de Aznar en 2001.
– Ese mismo año el déficit alcanza el 4,1% del PIB. (Recuerdo que el tope fijado por Europa es del 3%). Con esta cifra de déficit se pone fin a tres años de superávit (El año anterior el superávit había sido del 1,9%). La crisis entonces se empezaba a reconocer por el Gobierno socialista. En las elecciones generales de ese mismo año la había negado por activa y por pasiva. (ver vídeo debate Solbes-Pizarro no tiene desperdicio volverlo a ver)
– 2009: El déficit del Estado alcanza el 11,1% del PIB, el 11,1% nada más y nada menos.
– 2010: El déficit baja dos puntos, al 9,2% del PIB.
– 2011: Mientras Salgado afirmaba que este año el déficit no subiría del 6% comprometido con la UE, ayer Soraya Saénz de Santamaría nos decía que estaría en torno al 8%. Si esta cifra es real, supone tan sólo una bajada de un punto respecto al año anterior.

Todas las referencias, salvo la última que está pendiente de comprobación, han sido tomadas del Eurostat. Con estas cifras de déficit no es de extrañar que suba la prima de riesgo (en 2008 estaba en 27 puntos básicos, en 2011 ha alcanzdo casi la cifra de los 500 puntos básicos), y por ende quien nos preste dinero lo haga exigiendo intereses más altos, y como consecuencia de todo ello se recorten gastos y nos suban los impuestos. Nuestra situación es crítica no sólo como consecuencia de la crisis internacional o de la burbuja inmobiliaria, nuestra situación es tan crítica porque se derogó una ley que tenía por objeto evitar lo que ha pasado: Evitar que el Estado, las Comunidades Autónomas y Entidades Locales (de todos los colores, de todos y cada uno de ellos) pasaran de generar superávit a generar un déficit que se incrementó en 13 puntos porcentuales en sólo dos años. Eso es una auténtica barbaridad. Así lo han visto los mercados, así lo hemos sufrido nosotros y así lo seguiremos padeciendo hasta que esto, si es que es posible, se reconduzca.
Es por eso, a la vista de estos datos, que me hace gracia pensar que nos quejamos de que vivimos en una dictadura de los mercados. ¿Prestarías tú dinero a alguien que tiene pérdidas tan acusadas en sólo dos años? ¿A alguien que en los dos siguientes es incapaz de asumir sus compromisos presupuestarios? Yo, desde luego, no. Y esto en resumidas cuentas es lo que ha pasado. Sin perjuicio de que los mercados tengan parte de culpa, pero aquí como en todo, hemos de tratar de ser ecuánimes.
A ello hemos de añadir que España ha pasado de tener una deuda del 36,1% del PIB a una deuda del 61% (http://www.datosmacro.com/deuda/espana), ha cuadriplicado su deuda, y esa deuda hay que pagarla, y con intereses, algo que no hace más que incrementar la cifra de déficit. Básicamente, la cosa está jodida.

Como consecuencia de esta breve exposición de datos, sin ninguna pretensión económica, puesto que no soy economista, sólo me he limitado ha poner de relieve unos datos que están al alcance de todos, la conclusión es la ya sabida por todos: El gobierno socialista ha sido un gestor nefasto de la crisis económica.
Esa nefasta gestión, y no la crisis económica, es la que llevó, al propio gobierno socialista, en el 2010 a congelar las pensiones y bajar el salario de los funcionarios. Claro que una cosa es cierta. Sin crisis no habría tenido que gestionarla, y no nos hubieran hundido. Pero un gobierno está para gobernar, a las duras y a las maduras.
Es esa nefasta gestión la que lleva al gobierno del partido popular a adoptar las medidas que se adoptaron ayer. Por no hablar de la desviación de dos puntos en la previsión de déficit, pero eso es harina de otro costal, de la que probablemente oiremos muchas cosas en las próximas semanas.

Por lo tanto, ha sido esa nefasta gestión la que ha suprimido las ideologías de los dos principales partidos en España. Los unos y los otros han hecho lo que nunca hubieran querido hacer. Los que pagamos, somos nosotros, como siempre.
Me imagino lo difícil que esto estará siendo de digerir para los votantes del PP de toda la vida, llega Rajoy y les sube los impuestos. Me imagino lo atónitos que deben estar los socialistas, ellos que defendían la subida de impuestos, va el PP y adopta su medida (y no obstante la critican, ¡eso es oposición constructiva! Menos mal que decían que iban a hacer una oposición leal, ¿qué hubieran hecho si adopta una medida opuesta a la que se adoptó ayer?). Me imagino la cara que se le debió quedar ayer a Rajoy cuando sus ministros le dijeron, “de esta no te libras, vas a tener que subir los impuestos”. Me imagino muchas cosas…
Lo que no me imagino, sino que lo sé, es que 2012 va a ser un año mucho más duro que el 2011, donde la ideología no va a tener cabida, porque la mala gestión la ha tirado por la ventana, así que cuanto antes asumamos la realidad menos amargo se nos hará tragarla.

El futuro de la Sociedad de Consumo (II)

El otro día me comentaba un amigo, que nunca llegaremos a la situación que os describía en el post anterior. «El sistema de consumo actual va a caer por su propio peso» decía, me explicaba que en los próximos años vamos a entrar en una profunda recesión, después habrá una III Guerra Mundial y se reseteará el sistema. A mí me parece una visión demasiado simple y de Perogrullo del panorama actual. No soy economista, y tampoco puedo predecir el futuro, pero como aficionado al mundo tecnológico sí que tengo clara una cosa, la revolución tecnológica no ha hecho más que despertar, y esa revolución, como adelantaba hace unos días, sí que puede producir unos cambios en la sociedad de consumo actual que pueden ser demoledores.
Si bien es verdad que la sociedad de consumo actual está enferma, tocada de muerte diría yo, también es cierto que la humanidad a lo largo de su historia ha superado todo tipo de crisis. Y considero que esta ocasión tampoco va a ser una excepción. El que algunos estados hayan estado viviendo por encima de sus posibilidades (España es un ejemplo, pero parece ser que en EEUU se ha dado una circunstancia similar), no significa que vaya a desaparecer el modelo actual, sobre todo si tenemos en cuenta que las principales potencias emergentes siguen y copian el mismo modelo que parece que está fracasando en las sociedades más desarrolladas.
Modelo que ha fracasado por el afán de enriquecimiento sin límite, donde muchos han gastado más de lo que tenían, pero donde otros muchos no lo han hecho, y donde algunos están prosperando a costa de trabajo y esfuerzo; puede que los excesos de algunos perjudiquen a la mayoría, pero no creo que lleguen al extremo de hundir el sistema.

Bien es verdad que la visión pesimista que mi amigo me planteaba ayer, a la vista de determinadas informaciones, noticias, y datos que están a nuestra disposición, es una visión que me preocupa, y que temo; sin embargo, aún en el caso de que estos temores se confirmaran, la población mundial seguirá aumentando, y no por entrar en fase de recesión a un menor ritmo, básicamente porque la recesión no afecta a todos los países por igual, y porque el índice de natalidad más alto está precisamente en los países en vías de desarrollo. Puede que la hipotética fase de recesión que tememos afectara al desarrollo tecnológico, aunque también soy escéptico en este punto; pensemos en la ingente cantidad de dinero que gastan las grandes empresas y los países (el proyecto del colisionador del CERN o la estación espacial internacional son claros ejemplos), a día de hoy, período de crisis indiscutible. Este hecho me inclina a pensar que no necesariamente debería detenerse el desarrollo tecnológico.
Y en cuanto a la hipotética guerra… ¿qué queréis que os diga? con Irán desarrollando su plan nuclear bajo la atenta mirada de los países occidentales, con Rusia y China mirando hacia otro lado y el régimen de Pionyang por otro, la “cubanización” de algunos países en Sudamérica y diversas tensiones regionales en diversos puntos del planeta, si no hay más guerras que las que existen actualmente es porque, en mi opinión, no hay suficiente dinero para costearlas. Por cierto, buscando argumentos para este último comentario he encontrado una página interesante acerca de los potenciales conflictos bélicos que podrían desatarse este año (alguno de los cuales, por cierto, ya ha estallado).

Hechas las anteriores consideraciones, y centrándonos de nuevo en el tema de esta serie de posts, el futuro de la sociedad de consumo, reparada, en el caso de que se produjera la hipótesis de mi amigo, se vería amenaza esta vez, por la revolución tecnológica de la que hablaba en mi primer post, unida al imparable aumento de la población que desde la Revolución Industrial ha marcado el curso de la historia moderna.
En los próximos capítulos de esta serie de post seguiré tirando del hilo de mis pensamientos, siempre y cuando, al igual que mi amigo, no me hagáis replantearme la cuestión, algo que por otro lado agradeceré.