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¿Cómo he conseguido terminar 4 MOOCs? 

Esta semana he recibido las calificaciones del cuarto MOOC (Massive Open Online Course) que he finalizado en un año. Hace unas semanas uno de mis seguidores en twitter me preguntaba acerca de la clave para no abandonarlos  y continuar hasta el final. Le prometí un post explicando las razones que me empujan a no abandonar así que, allá vamos.

En primer lugar creo que debo explicar qué es lo que me motiva a iniciarlos. Los que me conocen saben que durante bastante años he estado preparando oposiciones al Cuerpo de Registradores de la Propiedad (algo que mi buen amigo Jesús Alfaro considera una ventaja a la hora de llegar hasta el final de un curso de esta clase). Es cierto que la disciplina que proporciona preparar unas oposiciones tan duras es un factor a tener en cuenta. No obstante, también lo es el hecho de que debido a ello, mi formación tenía un marcado carácter jurídico. Me di cuenta de que era necesario diversificar mi perfil al efecto de hacerlo más atractivo. Sin embargo, no me seducía, y todo el mundo me desaconsejó, la idea de iniciar un máster. La reforma universitaria ha generalizado la especialización que implica terminar esta clase de títulos. Asimismo, tras siete años preparando oposiciones puede entenderse que yo ya tenía una especialización. Comencé entonces a valorar diversas posibilidades, cursé un diploma de Arbitraje de Derecho Interno e Internacional y al mismo tiempo descubrí la posibilidad de hacer MOOCs.

El primero que cursé era de Mercados Financieros, lo impartía el premio Nobel de Economía Robert Shiller a través de la Universidad de Yale, era totalmente en inglés. Me resultaba verdaderamente atractivo, tanto por la materia como por el prestigio de la Universidad y del profesor que lo impartía. También por el reto de tener que esforzarme para superar la barrera que por entonces para mí suponía el idioma.  Estoy orgulloso de haberlo superado y de tener un diploma que lo acredita. Acto seguido comencé otro de Estrategia Competitiva impartido por Tobías Kretschmer, de la Ludwig Maximiliams Üniversitat de Múnich. Este me introdujo en un mundo del que sólo había oído cosas aisladas y resultó verdaderamente apasionante aprender sobre teoría de juegos y demás conceptos desconocidos hasta entonces por mí.

He de confesar que no he sido capaz de finalizar todos los MOOCs que he iniciado. El verano pasa factura a todo el mundo y los que comencé en el mes de julio del pasado año quedaron en el tintero. Recientemente he tenido ocasión de completar otros dos cursos más (sobre Startups y sobre Management Empresarial). Las notas comunes de todos los que he finalizado son:

  • La materia que comprenden me resulta atractiva y tiene elementos que complementan mis conocimientos en otras materias.
  • Se imparten en inglés, ello me permite adquirir y practicar un vocabulario que no empleo habitualmente.
  • Todos ellos se imparten por importantes Centros y profesores de reconocido prestigio en su campo.

Hay algo que me gusta decir de esta clase de cursos, vienen a ser algo así como los libros de empresa de los años 80-90. Sin duda que dentro de esta clase de libros algunos siguen siendo de imprescindible lectura, pero los MOOCs tienen el valor añadido de que te permiten hacer ejercicios, proporcionan material de lo más variado, exigen un número de horas que se traducen en la adquisición de nuevos conocimientos y puedes acreditar que los has realizado con éxito. Por último, son compatibles con la actividad profesional del día a día, pero sólo si uno se compromete de verdad y es capaz de sacrificar tiempo de ocio o de descanso en continuar su formación.

La revolución digital apenas ha comenzado y recuerdo muy bien como un profesor del MIT explicaba que gracias a los MOOCs han sido capaces de identificar talento en lugares tan insospechados como una pequeña aldea de Mongolia donde no existía ninguna clase de centro educativo que permitiera adquirir los conocimientos para superar con éxito el curso en cuestión del Instituto Tecnológico.
Bajo mi punto de vista, la clave para finalizar este nuevo modo de aprendizaje está en centrarse en lo que aporta a uno mismo y si realmente vas a ser capaz de sacarle partido. Hasta el momento no puedo decir que nada de lo aprendido no haya dado su rendimiento.

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Cayendo en el extremismo

La victoria ayer en Grecia de la coalición radical de izquierdas (es lo que viene a ser la traducción de Syriza al español) ha sido acogida por muchos con gran esperanza. El motivo de ello es que parece que ha llegado el fin de la austeridad (algo que está por ver).
Poco parece importar pues que el adjetivo radical acompañe a “izquierdas”, algo de todo punto impensable si en lugar de “izquierdas” leyéramos “derechas”. Hete aquí que el temor a Amenecer Dorado, pese a su escaso protagonismo en las encuestas era mayor que el que generaba una coalición de partidos de extrema izquierda, o de izquierda radical, como prefieran ustedes decirlo.

De este modo, y como respuesta más visceral que racional a las políticas de austeridad, parece que no nos importa dejarnos abrazar por un extremo ideológico. En España con Podemos, en Grecia Syriza, en Francia con el Frente Nacional, en Reino Unido con UKIP… podríamos seguir enumerando opciones de la extrema izquierda y la extrema derecha y como el canto populista que entonan sus líderes es cada vez más cautivador.
Me digo a mí mismo que hay una regla que muchos repiten y que a la hora de la verdad parecen ignorar: “No se debe caer en los extremismos”. Tal vez la crisis nos haya hecho olvidar qué es ser un extremista. Sin embargo, cuando una formación política lleva en sus siglas el término “radical” no queda mucho espacio para la duda.
Podemos ha sido mucho más sutil a la hora de elegir el nombre para su formación, pero con Podemos se suele caer en el error en el que la sociedad española lleva cayendo demasiado tiempo, quedarnos en el mensaje sin detenernos a reflexionar qué credibilidad tiene el mensajero. Una cosa es lo que dicen y otra es lo que hacen. Y si uno observa lo que ha hecho y lo que hace Podemos su conclusión debería llevarle a que no es una formación precisamente lo que se dice moderada. Es como cuando el Partido Popular dice que es una formación liberal o que el PSOE es de centro.

Lo he dicho alguna vez desde este blog, no nos quedemos en las palabras, esas se las lleva el viento, fijémonos en los hechos. El problema que tiene esto es que si lo hacemos probablemente el día de las elecciones nos quedaremos en casa.

La representación Parlamentaria y su razón de ser

Mi último artículo en Qué aprendemos hoy.

La crisis institucional que atravesamos a nivel prácticamente global supone la aparición de diversos movimientos que reclaman que se devuelva el poder al “pueblo”. El problema que implican estas reclamaciones es que… (seguir leyendo)

La representación Parlamentaria y su razón de ser