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Adiós bella

Hace un mes cuando nos despedimos de ti no sabía que sería la última despedida. Creo que esas cosas casi nunca se pueden saber. Estabas un poco más delgada que la última vez que te habíamos visto, pero aún podía sentir energía en tus manos cuando apretabas las mías. Tu sonrisa al abrazar a tu biznieto y como lo achuchabas en tus brazos por primera vez me inundaron de felicidad y nos despedimos diciéndote que vendríamos a verte antes de Semana Santa. Aunque para tí eso no era importante, desafortunadamente tu condición mental hace mucho tiempo que te privó de ser consciente de muchas cosas.

La muerte es una mierda. No importa desde hace cuanto la veas venir. Que tuvieras 94 años y una salud mental deteriorada no me consuela. Sé que estás en un lugar mejor, con el abuelo, pero me revela pensar cómo nos has dejado. Sé que querías dejarnos, me lo dijiste muchas veces, y probablemente me las hubieras dicho muchas más si te hubiera visitado más a menudo.

La muerte es una mierda. Nos enfrenta a cosas que sabemos que podríamos haber hecho mejor. Hay que tener valor para enfrentarlas porque en momentos como este lo más fácil es ignorarlas. Pero también nos recuerda los buenos momentos y no olvidaré nunca tu sonrisa al levantar la mirada y reconocer mi cara. Nunca olvidaré lo orgullosa que estabas de mí y de eso presumiré siempre.

La muerte es una mierda. Por eso la hemos desterrado de nuestras vidas. Ha tenido que venir una pandemia como la que estamos viviendo para sacudir nuestras conciencias. Aún hay muchas que no se han movido un ápice y algunas no se moverán. Estos momentos nos recuerdan que los ritos que rodean a la muerte son los que nos permiten seguir adelante. Junto a ti miles de personas han muerto y lo seguirán haciendo. La gran mayoría de ellos no podrán ser despedidos por sus seres queridos hasta dentro de mucho tiempo. Sus restos, junto con los tuyos, descansarán en una morgue. No sé en cuál de las dos que hay ahora mismo en Madrid.

La muerte es una mierda. Pero puede ser aún peor. Los que hemos visto morir a nuestros seres queridos sabemos la importancia que tiene estar acompañado en el momento más terrorífico de nuestra existencia como seres humanos. Tú te has ido sola, nunca sabré si sufriste o no, porque nadie nos dirá la verdad. No sabemos cuando podremos enterrarte junto al abuelo y no tengo ni remota idea de cuando podré dar un abrazo a mamá, a los tíos o a los primos.

Sé que no querías irte así y por eso siento una mezcla de tristeza y rabia. No debería ser así, pero no lo puedo evitar. Te quiero abuela. Descansa en paz y dale un achuchón al Abi de mi parte. No os olvidaremos nunca.

AlexA, PON MUSICA DE CUARENTENA

Muchos llevamos más de una semana encerrados en casa. El COVID-19 se ha convertido en el protagonista del 2020 y, sin duda, será uno de los protagonistas de la primera mitad del S. XXI. Un recién llegado, con apenas unos meses de vida, e invisible a nuestros ojos. El COVID-19 ha invadido nuestras vidas de manera impredecible y que sólo algunas mentes privilegiadas como la de Bill Gates anticiparon hace apenas cinco años. De un plumazo han quedado en un segundo plano cosas tales como la automatización del trabajo, el bitcoin, las crisis de los refugiados o el colonizar Marte.

En apenas 12 años el habrá vivido dos de las crisis más brutales que recuerda la historia de la humanidad. La gran recesión de 2007 (great recession es como se reconoce la crisis de 2007 en el mundo anglosajón) y la que vamos a vivir en los próximos meses como consecuencia de un coronavirus. En determinados lugares, como por ejemplo Alemania, donde Volkswagen ha detenido toda la producción de automóviles, la actividad económica no había sufrido semejante impacto desde la II Guerra Mundial. Con razón se dice que estamos viviendo una guerra. Sin embargo, muy pocos en Occidente recuerdan cómo se vive una guerra. Los que somos aficionados al cine bélico podemos llegar a imaginar qué supone un combate y cómo en momentos extremos aflora lo mejor y lo peor del ser humano. Ahora bien, imaginar y vivir en las propias carnes es algo muy distinto. Basta con preguntar a cualquier médico que está en Urgencias en momentos como el actual.

Por otro lado, en esta guerra el enemigo no es el tradicional de las guerras que vemos en el cine. Se trata de un enemigo invisible y la munición que necesitamos para no abunda en nuestra sociedad: autodisciplina, austeridad, paciencia u obediencia son difíciles de encontrar cuando estamos acostumbrados a la inmediatez, a la abundancia, a ser impulsivos o a cuestionar el statu quo. Diversos hechos vividos en nuestro país ponen de manifiesto que vamos a sufrir muchas más bajas de las que pensamos en este combate contra el COVID-19. Un Vicepresidente del Gobierno que se salta la cuarentena sistemáticamente cuando el resto de la población está confinada en sus casas podría ser anecdótico sino fuera porque el propio Presidente del Gobierno también debería estar en cuarentena. La ejemplaridad de nuestros dirigentes públicos parece haber sido la primera víctima del coronavirus. En este contexto, que, hasta el 19 de marzo, tan sólo en la ciudad de Madrid se hayan puesto 2.507 denuncias por el incumplimiento de las restricciones de tránsito podría parecer hasta una buena señal.

La realidad es cruel cuando se ignora durante demasiado tiempo y, de momento, parece que muchos siguen ignorándola. Bajo mi punto de vista, la falta de humildad de los países occidentales ha determinado que Europa se haya convertido en el principal foco mundial del coronavirus con 127.384 casos confirmados a la hora de publicar este post. Cerca del 50% de los casos confirmados a nivel mundial se concentran en la Unión Europea.

Si a esto añadimos que en Europa casi el 20% de la población tiene más de 65 años todo apunta a nos convertiremos en el continente con más víctimas del COVID-19. Esto es algo de lo que todavía parecemos no darnos cuenta y está claro que es uno de los elefantes más grandes de la habitación. Es importante darse cuenta de que a día de hoy más de la mitad de las víctimas mortales del COVID-19 se han producido en Europa. 6.376 de un total de 11.868 a nivel mundial.

Se ha dicho que esta crisis cambiará la forma en la que viviremos en el futuro. No se trata de una crisis financiera como la de 2007. Se trata de una crisis mucho más profunda, que afecta no sólo a los mercados financieros, sino a nuestra forma de vivir y de relacionarnos. No sé si algunos narcóticos como que Amazon siga aceptando nuestros pedidos, que se permita seguir yendo a trabajar en lugar de hacerlo desde nuestras casas o que los supermercados sigan abiertos nos benefician o nos perjudican. La bronca de este médico chino de la Cruz Roja, que se ha desplazado desde Wuhan para ayudarnos a luchar contra el COVID-19, me hace pensar que aún estamos lejos de entender de qué va la cosa.

No puedo terminar este artículo sin referir que, sin duda, hay elementos positivos, solo faltaría. Los aplausos a las 20h a todos los que luchan sin descanso por salvar vidas, las iniciativas para fabricar dispositivos médicos para paliar la escasez de estos, o la creación de apps para evitar el colapso de los números de los centros de salud son noticias estupendas que, sin embargo, se diluyen como gotas de agua en un océano de víctimas, de egos y de descoordinación que nos arrastran hasta el fondo del mismo. A pesar de todo ello, nos queda el consuelo de pedirle a Alexa que ponga música de cuarentena.

¿Cómo he conseguido terminar 4 MOOCs? 

Esta semana he recibido las calificaciones del cuarto MOOC (Massive Open Online Course) que he finalizado en un año. Hace unas semanas uno de mis seguidores en twitter me preguntaba acerca de la clave para no abandonarlos  y continuar hasta el final. Le prometí un post explicando las razones que me empujan a no abandonar así que, allá vamos.

En primer lugar creo que debo explicar qué es lo que me motiva a iniciarlos. Los que me conocen saben que durante bastante años he estado preparando oposiciones al Cuerpo de Registradores de la Propiedad (algo que mi buen amigo Jesús Alfaro considera una ventaja a la hora de llegar hasta el final de un curso de esta clase). Es cierto que la disciplina que proporciona preparar unas oposiciones tan duras es un factor a tener en cuenta. No obstante, también lo es el hecho de que debido a ello, mi formación tenía un marcado carácter jurídico. Me di cuenta de que era necesario diversificar mi perfil al efecto de hacerlo más atractivo. Sin embargo, no me seducía, y todo el mundo me desaconsejó, la idea de iniciar un máster. La reforma universitaria ha generalizado la especialización que implica terminar esta clase de títulos. Asimismo, tras siete años preparando oposiciones puede entenderse que yo ya tenía una especialización. Comencé entonces a valorar diversas posibilidades, cursé un diploma de Arbitraje de Derecho Interno e Internacional y al mismo tiempo descubrí la posibilidad de hacer MOOCs.

El primero que cursé era de Mercados Financieros, lo impartía el premio Nobel de Economía Robert Shiller a través de la Universidad de Yale, era totalmente en inglés. Me resultaba verdaderamente atractivo, tanto por la materia como por el prestigio de la Universidad y del profesor que lo impartía. También por el reto de tener que esforzarme para superar la barrera que por entonces para mí suponía el idioma.  Estoy orgulloso de haberlo superado y de tener un diploma que lo acredita. Acto seguido comencé otro de Estrategia Competitiva impartido por Tobías Kretschmer, de la Ludwig Maximiliams Üniversitat de Múnich. Este me introdujo en un mundo del que sólo había oído cosas aisladas y resultó verdaderamente apasionante aprender sobre teoría de juegos y demás conceptos desconocidos hasta entonces por mí.

He de confesar que no he sido capaz de finalizar todos los MOOCs que he iniciado. El verano pasa factura a todo el mundo y los que comencé en el mes de julio del pasado año quedaron en el tintero. Recientemente he tenido ocasión de completar otros dos cursos más (sobre Startups y sobre Management Empresarial). Las notas comunes de todos los que he finalizado son:

  • La materia que comprenden me resulta atractiva y tiene elementos que complementan mis conocimientos en otras materias.
  • Se imparten en inglés, ello me permite adquirir y practicar un vocabulario que no empleo habitualmente.
  • Todos ellos se imparten por importantes Centros y profesores de reconocido prestigio en su campo.

Hay algo que me gusta decir de esta clase de cursos, vienen a ser algo así como los libros de empresa de los años 80-90. Sin duda que dentro de esta clase de libros algunos siguen siendo de imprescindible lectura, pero los MOOCs tienen el valor añadido de que te permiten hacer ejercicios, proporcionan material de lo más variado, exigen un número de horas que se traducen en la adquisición de nuevos conocimientos y puedes acreditar que los has realizado con éxito. Por último, son compatibles con la actividad profesional del día a día, pero sólo si uno se compromete de verdad y es capaz de sacrificar tiempo de ocio o de descanso en continuar su formación.

La revolución digital apenas ha comenzado y recuerdo muy bien como un profesor del MIT explicaba que gracias a los MOOCs han sido capaces de identificar talento en lugares tan insospechados como una pequeña aldea de Mongolia donde no existía ninguna clase de centro educativo que permitiera adquirir los conocimientos para superar con éxito el curso en cuestión del Instituto Tecnológico.
Bajo mi punto de vista, la clave para finalizar este nuevo modo de aprendizaje está en centrarse en lo que aporta a uno mismo y si realmente vas a ser capaz de sacarle partido. Hasta el momento no puedo decir que nada de lo aprendido no haya dado su rendimiento.

Cayendo en el extremismo

La victoria ayer en Grecia de la coalición radical de izquierdas (es lo que viene a ser la traducción de Syriza al español) ha sido acogida por muchos con gran esperanza. El motivo de ello es que parece que ha llegado el fin de la austeridad (algo que está por ver).
Poco parece importar pues que el adjetivo radical acompañe a “izquierdas”, algo de todo punto impensable si en lugar de “izquierdas” leyéramos “derechas”. Hete aquí que el temor a Amenecer Dorado, pese a su escaso protagonismo en las encuestas era mayor que el que generaba una coalición de partidos de extrema izquierda, o de izquierda radical, como prefieran ustedes decirlo.

De este modo, y como respuesta más visceral que racional a las políticas de austeridad, parece que no nos importa dejarnos abrazar por un extremo ideológico. En España con Podemos, en Grecia Syriza, en Francia con el Frente Nacional, en Reino Unido con UKIP… podríamos seguir enumerando opciones de la extrema izquierda y la extrema derecha y como el canto populista que entonan sus líderes es cada vez más cautivador.
Me digo a mí mismo que hay una regla que muchos repiten y que a la hora de la verdad parecen ignorar: “No se debe caer en los extremismos”. Tal vez la crisis nos haya hecho olvidar qué es ser un extremista. Sin embargo, cuando una formación política lleva en sus siglas el término “radical” no queda mucho espacio para la duda.
Podemos ha sido mucho más sutil a la hora de elegir el nombre para su formación, pero con Podemos se suele caer en el error en el que la sociedad española lleva cayendo demasiado tiempo, quedarnos en el mensaje sin detenernos a reflexionar qué credibilidad tiene el mensajero. Una cosa es lo que dicen y otra es lo que hacen. Y si uno observa lo que ha hecho y lo que hace Podemos su conclusión debería llevarle a que no es una formación precisamente lo que se dice moderada. Es como cuando el Partido Popular dice que es una formación liberal o que el PSOE es de centro.

Lo he dicho alguna vez desde este blog, no nos quedemos en las palabras, esas se las lleva el viento, fijémonos en los hechos. El problema que tiene esto es que si lo hacemos probablemente el día de las elecciones nos quedaremos en casa.